sábado, 26 de enero de 2019

LA ARRROGANCIA Y LA SOBERBIA NACE DE LA IGNORANCIA Y LA INSEGURIDAD


Psicología /desarrollo personal
 
 LA ARRROGANCIA Y LA SOBERBIA NACE DE LA IGNORANCIA Y LA INSEGURIDAD

Que levante la mano quienes se sienten a gusto con las personas arrogantes. 

 Si hiciéramos esta pregunta en un grupo de 10, 100 o 1000 personas, no debería sorprendernos que nadie levantase la mano. 

 A la mayoría de la gente no le gustan las personas arrogantes, entre otras cosas porque nos hacen sentir mal, nos menosprecian y generan la sensación de inferioridad. De hecho, la arrogancia es una creencia de superioridad y autoestima exagerada que se manifiesta con afirmaciones excesivas y presuntuosas. 

Sin embargo, la actitud arrogante se desarrolla muy temprano en la vida. Un estudio realizado en la Universidad de Yale descubrió que los niños pequeños de entre 5 y 7 años ya muestran cierto pensamiento arrogante pues creen que pueden saber más de los adultos. En algún momento a lo largo del desarrollo, abandonamos esa postura egocéntrica y nos formamos una imagen más objetiva de nosotros mismos y del mundo. 

 

Al parecer, la persona arrogante no da ese paso madurativo, sigue creyendo que puede ganar siempre y, lo que es aún peor, cree que merece ganar siempre. Esto nos indica que, en la base de la arrogancia se esconde una actitud infantil y un problema de autoestima. De hecho, creerse superiores suele ser un mecanismo de defensa que demuestra que en realidad esa persona no tiene tanta confianza en sí misma. Al respecto, Fulton John Sheen dijo que “la arrogancia es la manifestación de la debilidad, el miedo secreto hacia los rivales”. 

 

¿Cómo es una persona arrogante? 

La persona arrogante puede parecer atractiva y agradable al inicio ya que suele transmitir una imagen de seguridad y confianza. Por eso, es normal que caigamos en sus redes, hasta que nos damos cuenta de que todo comienza a girar a su alrededor y dejamos de sentirnos bien en su compañía ya que cada vez nos sentimos más pequeños y menospreciados. 

 

1. Deseo exagerado de recibir elogios 

Un rasgo distintivo de la gente arrogante es que buscan constantemente la admiración de los demás. La arrogancia se alimenta de los halagos, por lo que estas personas siempre intentarán sacar a colación sus logros, ya sean reales o ficticios. Por eso, no les gustan las personas seguras que se muestran indiferentes y no caen rendidas a sus pies. 

 

2. Hablar constantemente de sí mismo 

La arrogancia está íntimamente vinculada al egocentrismo. Por eso, el tema preferido de una persona arrogante versa sobre sí misma. Esta persona intentará acaparar la conversación para atraer la atención sobre sí. Cuando el tema cambia, intentará reconducirlo hacia sus logros, aunque ello implique interrumpir a los demás. Obviamente, esta persona no muestra mucha empatía, asume las relaciones interpersonales en un solo sentido: los demás deben dar y ella solo debe limitarse a recibir. 

3. No reconocer los errores ni aceptar las críticas 

La gente arrogante defiende su autoestima a capa y espada, por lo que no suele reconocer sus errores. Nunca se equivocan y siempre encuentran una justificación cuando les hacen notar algún error o defecto. La culpa siempre es de otra persona o de las circunstancias, no asumen sus responsabilidades. Por supuesto, tampoco aceptan las críticas. Cuando ven venir una crítica, asumen una actitud defensiva y ni siquiera escuchan lo que les dicen. 

 

4. El perdón no existe en su vocabulario 

Dado que las personas arrogantes no hacen nada mal, les resulta muy difícil pedir perdón o disculparse. Para ellos, el problema siempre radica en la otra persona, por lo que no es extraño que aunque se hayan equivocado, esperen o incluso demanden una disculpa. Esa actitud arrogante es una de las que más problemas genera en sus relaciones interpersonales y la que hace saltar todas las alarmas. 

 

5. Intolerancia hacia lo diferente 

Las personas arrogantes critican a los demás, enfatizan los errores y debilidades de quienes no cumplen con sus altos estándares. El problema es que su autoestima se apuntala sobre los “defectos” ajenos ya que necesitan hacer sentir inferiores a los demás para sentirse superiores. En la base de esa intolerancia se encuentra un pensamiento arrogante y dicotómico. A menudo estas personas piensan que las cosas solo se pueden hacer de un modo, lo cual revela una falta de profundidad y perspicacia para apreciar la diversidad. De hecho, la peor arrogancia es la que proviene de la ignorancia. 

 

6. Sobrecompensar las debilidades 

En el cuadro que dibuja cómo es una persona arrogante no puede faltar el temor a que los demás descubran sus puntos débiles, por lo que adoptará una estrategia para sobrecompensarlos con actitudes arrogantes. Por eso, suelen hablar alto, quieren imponer sus ideas sin dar lugar al diálogo y ocultan sus inseguridades tras comportamientos que denotan poder. “El saber y la razón hablan, la arrogancia y la ignorancia gritan”, dijo Arturo Graf. 

 

7. Actitud intimidante 

Se ha comprobado que la gente arrogante también es socialmente dominante. Estas personas no tienen reparos para expresar su ira, sobre todo contra los más débiles emocionalmente, hasta el punto de que llegan a usar estrategias de intimidación para imponer sus puntos de vista y hacer valer su “superioridad”. A menudo la actitud arrogante e intimidante se sustenta en técnicas de intimidación intelectual. 

 

¿Cómo tratar a una persona arrogante? 

Si permites que las personas arrogantes entren en tu vida y les das demasiada importancia, pueden terminar haciendo añicos tu autoestima, haciéndote sentir inferior y de escasa valía. Sin embargo, dado que no puedes escapar de ellas, lo más inteligente es aprender a lidiar con sus actitudes arrogantes. 

1. No cedas el control. Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento. Por tanto, se trata de detectar los mecanismos psicológicos que pone en marcha la persona arrogante y no permitir que hagan mella en ti. Aprende a darle a cada comentario o actitud, la importancia que merece, ni más ni menos. No culpes al otro por hacerte sentir inferior, en su lugar pregúntate qué botón ha tocado en tu interior que necesitas reforzar. Puedes aprovechar esa experiencia para conocerte mejor y crecer. 

2. No le sigas el juego. La soberbia se alimenta de los elogios y la admiración. Por tanto, la actitud arrogante se combate eliminando el combustible que le permite crecer. Eso significa que no debes dejarte impresionar por sus supuestos logros y capacidades. También significa que no debes permitir que te haga sentir poca cosa. Para tratar con una persona arrogante debemos ser conscientes de que todos somos diferentes, tenemos distintas capacidades y debilidades. Y eso no nos hace mejores ni peores que los demás. 

 

3. Defiende tu postura. Es importante saber qué batallas merece la pena luchar y cuáles solo nos reportarán un malestar innecesario. Cuando valga la pena, mantente firme en tu postura. Si ves que no es posible mantener una discusión civilizada, puedes zanjar el tema diciendo que respetas su postura, pero no la compartes. 

4. Haz que se mire al espejo. Si las palabras o actitudes de la persona arrogante te han dañado, no tengas miedo en colocarla delante de un espejo, en el sentido figurado. Explícale lo que piensas de su actitud y los efectos que ha tenido sobre ti. No se trata de asumir un tono recriminatorio y acusativo sino de expresar tu opinión y sentimientos, de manera que esa persona pueda darse cuenta del daño que causa con su actitud arrogante. 

 

5. Ríete. El sentido del humor es una excelente coraza contra las personas que, de manera consciente o inconsciente, quieren hacernos daño. Por tanto, usa el sentido del humor como un arma a tu favor para proteger tu integridad psicológica. Encontrarle el lado absurdo a los comentarios y actitudes de las personas prepotentes te ayudará a no sentirte intimidado. 


jueves, 24 de enero de 2019

EL EGO DESMESURADO IMPIDE CRECER EL DESARROLLO PERSONAL


Psicología /desarrollo personal 
EL EGO DESMESURADO IMPIDE CRECER EL DESARROLLO PERSONAL

 
Hay gente inteligente y sensible que, aunque tiene más conocimientos y recursos, no deja en evidencia a los demás, sino que maneja bien los tiempos y protocolos para que los otros no se sientan incómodos. Y también hay personas sabelotodo que adoptan una actitud arrogante, que presumen de saberlo todo y, por tanto, opinan de todo, en cualquier momento o lugar, rayando en la insolencia, por lo que a menudo terminan ofendiendo, hartando o desesperando a quienes le escuchan. 

Psicólogos de la Universidad de Michigan analizaron esta actitud para determinar si las personas sabelotodo realmente conocen más que los demás y si esa creencia de superioridad les permitía aplicar mejores estrategias de aprendizaje que les permitan profundizar en los conocimientos. En otras palabras, querían saber si esa prepotencia intelectual nacía del conocimiento y les reportaba algún beneficio. 

Descubrieron que las personas sabelotodo, incluso cuanto no entendían algo, afirmaban saber más que los demás y que se empeñaban en buscar información para confirmar su visión parcial mientras ignoraban los datos que les hacían parecer menos inteligentes. En otras palabras, esa actitud arrogante intelectualmente no proviene del conocimiento sino más bien de su ausencia. 

 

Mientras menos sepamos, más nos aferraremos a nuestras creencias 

En la investigación, los participantes debían rellenar una serie de cuestionarios para demostrar su conocimiento sobre política, pero los psicólogos insertaron algunas trampas: términos inventados. Curiosamente, las personas sabelotodo seleccionaban más términos falsos e insistían en que los conocían. Al contrario, las personas que demostraban un conocimiento más sólido solían asumir una actitud más humilde y a veces incluso subestimaban su conocimiento. 

 

Esto recuerda las palabras del filósofo británico Betrand Russell: “El mayor problema del mundo se debe a que los ignorantes y los fanáticos están demasiado seguros de sí mismos y las personas inteligentes están llenas de dudas”. En la Psicología, esto se conoce como efecto Dunning-Kruger. 

 

En otra fase de la investigación, algunos participantes leyeron un artículo sobre un tema controvertido que concordaba con su punto de vista y otro grupo leyó un ensayo que difería con sus ideas. 

 

Una persona inteligente, cuando encuentra información que contradice sus puntos de vista, debería buscar un punto de equilibrio y reflexionar sobre sus creencias poniendo en marcha un pensamiento crítico. Sin embargo, los psicólogos descubrieron que los sabelotodos solían elegir los datos que respaldaban sus creencias e ignoraban aquellos que las contradecían. 

 

Obviamente, esa forma de afrontar la realidad alimenta su sentido de superioridad intelectual, además de hacerles perder oportunidades para ampliar su conocimiento integrando otros puntos de vista. En otras palabras, las personas sabelotodo se han encerrado en su sistema de conocimientos y creencias, que asumen como una verdad absoluta, y se niegan a valorar otras ideas que no coincidan con las suyas. 

 

Un “yo” maduro se equivoca, lo reconoce y cambia 

 

Hasta cierto punto, todos tenemos la tendencia a rehuir los argumentos que refutan nuestras creencias porque nuestro cerebro odia la disonancia cognitiva. No cabe duda de que validar nuestras creencias sienta bien mientras que verlas desafiadas genera incomodidad, sobre todo cuando se trata de creencias importantes o muy arraigadas. 

 

Sin embargo, una persona inteligente se mantiene abierta a nuevas oportunidades y si se equivoca, reconoce su error porque es consciente que para crecer y avanzar es necesario dejar atrás muchas certezas. Las personas sabelotodo, al contrario, caen en su propia trampa: al basar su autoestima en sus “amplios conocimientos”, cuando estos son puestos en entredicho, se sienten inferiores, entran en crisis y necesitan desesperadamente validar esos conocimientos para volver a sentirse importantes. 

 

El problema de las personas sabelotodo es que, en el fondo, esa estrategia de intimidación intelectual es una máscara para esconder una profunda inseguridad personal. Para reconocer nuestros errores y cambiar nuestras creencias se necesita un “yo” maduro y seguro de sí mismo, que no tenga miedo a la actualización constante y a dejar atrás las certezas para abrirse a la incertidumbre. 

 

La solución para las personas sabelotodo radica en romper ese círculo vicioso. Comprender que aferrarse a ciertas creencias en realidad les impide seguir explorando, descubriendo y aprendiendo. Es un paso difícil, pero no imposible. 


miércoles, 23 de enero de 2019

¡5 TÉCNICAS EFICACES PARA SEGUIR ADELANTE!

Psicología /desarrollo personal                                                                               
 ¡5 TÉCNICAS EFICACES PARA SEGUIR ADELANTE!

Hay ocasiones en la vida en las que nos sentimos estancados. Puede tratarse de un proyecto creativo en el que estamos trabajando, una relación de pareja que ya no funciona, unas deudas que han dejado de tener sentido o incluso podemos sentirnos estancados en nuestro Desarrollo Personal

La emoción inicial que nos inspiraba ha desaparecido. Su lugar ha sido ocupado por la confusión, el abatimiento y el desgano. Nos sentimos abrumados y atrapados, una sensación terrible que genera a su vez angustia, inseguridad, agobio y desesperanza. ¿Qué hacer en esos casos?

¿Cómo encontrar la fuerza que necesitas para seguir adelante?

1. Da un paso atrás 

Puede parecer un contrasentido, pero cuando necesitas fuerza para seguir adelante a veces hay que dar un paso atrás. Al asumir una distancia psicológica de la situación podemos aplicar la máxima de Einstein: "Ningún problema se puede resolver desde el mismo nivel de conciencia que lo creó". 

La idea es que generes un nivel de pensamiento diferente que te permita evaluar tu situación actual desde otro punto de vista, a ser posible desapegado, que te ayude a ver las cosas en perspectiva y con más objetividad. 

Esta técnica de visualización te ayudará a comprender la importancia de dar un paso atrás: “Imagina que estás perdido en el bosque. Podrías seguir avanzando, buscando la salida. Podrías entrar en pánico y caminar en círculos. Podrías regresar por donde viniste. También podrías simplemente quedarte donde estás con la esperanza de que llegue pronto la ayuda. 

Imagina, en cambio, que puedes detenerte, respirar profundamente y alejarte de tu situación. Imagina que puedes volar por encima de todo como si estuvieras en un helicóptero y mirarte a ti mismo entre los árboles. ¿Qué verías al cambiar la perspectiva? Una ruta diferente que antes no podías divisar”. 

Otra forma para "alejarte" consiste en analizar la situación en que te encuentras como si fueras un observador neutral. Imagina que eres otra persona. ¿Qué ideas o consejos te darías a ti mismo? 

2. Sé específico 

Es difícil avanzar si no entiendas por qué estás atascado. Si intentas seguir, es probable que des palos de ciego y te hagas daño. La clave radica en ser específico e identificar qué está sucediendo realmente. Debes poner en palabras lo que ocurre, para poder comprenderlo y superarlo. Después de todo, un problema bien definido puede contener su propia solución. 

Si quieres encontrar un camino, el primer paso es entender cuál es el problema subyacente, lo que te mantiene atrapado. Cuando se profundiza un poco más en el problema, desafío o bloqueo, las soluciones suelen aparecer. 

Por ejemplo, existe una gran diferencia entre el pensamiento: “Me siento estancado” y “Me siento estancado porque me abruman tantos detalles” o “Me siento estancado porque me preocupa lo que los demás pensarán sobre mí”. 

Hazte preguntas como: “¿Qué se interpone en el camino?” Cuando encuentres una respuesta, sigue preguntándote: “¿Qué más se interpone en mi camino?” Hasta que llegues al problema real.  Ten en cuenta que generalmente las primeras respuestas no son las más profundas, tendrás que excavar para hallar la verdadera causa.

Una buena idea consiste en llevar un diario terapéutico. A veces es más fácil escribir los problemas porque asumes una actitud más distante que te permite expresar lo que te preocupa sin tu autocensura. 

3. Encuentra tu "por qué" 

A veces puedes sentirte estancado porque has perdido de vista el panorama general y, lo que es importante, has olvidado tu “por qué”, la razón por la cual te involucraste en ese viaje y tomaste esas decisiones. En muchas ocasiones los grandes proyectos demandan mucho trabajo duro, y es normal que todas esas tareas y hábitos hagan que pierdas la perspectiva.

En ese caso, es necesario que te recuerdes por qué comenzaste, qué motivos o pasiones te han llevado hasta ese punto. ¿Cuáles eran los objetivos que querías alcanzar en tu vida? ¿Por qué quieres lograr eso que te has propuesto? 

Cuando activas tu intención y propósito original, recuperas la motivación intrínseca para seguir adelante. Conectarte a esa razón más profunda te mantendrá en movimiento y te permitirá sortear los obstáculos y afrontar los tiempos difíciles. 

Pregúntate: ¿Por qué es esto importante para mí?, ¿Por qué empecé esto? ¿Qué estoy intentando lograr? Leer estas frases de motivación para seguir adelante también te ayudará a encontrar la fuerza que necesitas.

4. Suelta lo que no funciona 

¿Alguna vez has caminado por el barro, se te ha atascado la bota y se te ha salido el pie? Cuando te pasa algo así, generalmente tienes dos opciones: volver a ponerte la bota y seguir avanzando con dificultad, repitiendo la frustración mientras te atascas continuamente, o puedes quitarte la bota y seguir adelante. 

Lo mismo ocurre en la vida. Cuando nos atascamos, a menudo preferimos quedarnos con los pies en el barro con tal de no abandonar nuestras botas. Seguimos repitiendo lo que no funciona. La bota representa esas creencias limitantes, viejos hábitos o historias que estamos reviviendo. 

 

Por eso, a veces para seguir adelante debemos practicar el desapego, soltar aquello que se ha convertido en un lastre para poder despegar. A veces tenemos que deshacernos de nuestro equipaje emocional porque algunas de las cosas a las que nos apegamos son precisamente las que nos mantienen atrapados y nos impiden volar. 

Debemos recordar que en la vida hay cosas mutuamente excluyentes. Eso significa que no podemos tenerlo todo sino que debemos renunciar a algunas cosas. Pregúntate: ¿Qué te está frenando? ¿Un viejo hábito, una creencia limitante, una emoción o un pensamiento recurrente negativo? ¿Qué necesitas para desapegarte? 

 

5. Haz un brainstorming de opciones 

A veces puedes sentirte estancado porque no ves ninguna salida a tu situación actual, sientes que no tienes ninguna opción. Te resulta imposible ver la luz al final del túnel. En esos casos, al generar generar ideas y posibilidades, expandes tu mente y abres tu pensamiento para encontrar una nueva solución. Cuando logras ver opciones potenciales dejarás de sentirte atrapado y te sentirás más animado. 

Ni siquiera tienes que tomar una decisión, se trata de dejar que la mente creativa se expanda y vea todas las posibilidades que existen. Es posible que te hayas sumergido demasiado buscando lo "correcto" y hayas eliminado todo lo que no te parecía perfecto. Sin embargo, la búsqueda de la perfección puede generar una cantidad enorme de estrés e incluso crea una parálisis por análisis

La realidad es que no hay un único camino. Hay muchas posibilidades que podrían funcionar para la situación en la que te encuentras, solo tienes que abrir la mente. Por tanto, haz una lista de todas las soluciones posibles, aunque te parezcan poco realistas o incluso tontas. 

Si no estás contento con tu relación, ¿qué puedes hacer? Probablemente hay muchas más opciones de las que has considerado. ¿Cuáles son? Cuanto más deje volar tu imaginación, mejor. Luego, activa la mente racional y analiza con detenimiento todas esas soluciones. ¿Hay ideas que merece la pena explorar? 


Entonces y solo entonces puedes identificar el camino a seguir.

jueves, 17 de enero de 2019

PREJUICIO DE PUNTO CIEGO, O POR QUÉ LOS DEMAS SE CREEN MEJORES QUE TÚ


Psicología/INTELIGENCIA Y CREATIVIDADPREJUICIO DE PUNTO CIEGO, O POR QUÉ  LOS DEMAS SE CREEN MEJORES QUE TÚ
“Seis sabios hindúes, muy dados al estudio, querían saber qué era un elefante. Dado que eran ciegos, decidieron descubrirlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó con su ancho y duro lomo y dijo: 'Ya veo, es como una pared'. 
El segundo, palpando el colmillo, gritó: 'Es tan agudo, redondo y liso, que el elefante es como una lanza'. 
El tercero tocó la trompa retorcida y gritó asustado: 'El elefante es como una serpiente'. 
El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó y dijo: 'Es evidente, el elefante, es como un árbol'. 
El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: 'Incluso el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico'. 
El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: 'El elefante es muy parecido a una soga'. 
Y así, los sabios discutieron largo y tendido, cada uno mostrándose excesivamente terco y violento en su opinión. Aunque parcialmente en lo cierto, todos también estaban equivocados”. 
La parábola de los seis sabios ciegos y el elefante, atribuida a Rumi, sufí persa del siglo XIII, muestra a la perfección nuestra tendencia a sobrestimar lo que sabemos y nuestra férrea obstinación a aferrarnos a nuestras opiniones y creencias haciendo caso omiso de todo aquello que las ponga en entredicho. En Psicología, eso se denomina “prejuicio de punto ciego”. 
¿Qué es el prejuicio de punto ciego? 
El prejuicio de punto ciego, un concepto propuesto por la psicóloga de la Universidad de Princeton Emily Pronin, hace referencia a nuestra incapacidad para darnos cuenta de nuestros prejuicios cognitivos y nuestra tendencia a pensar que somos menos sesgados que los demás. Pensamos que vemos las cosas de manera más objetiva y racional, como son “en realidad”, mientras que los demás tienen un juicio sesgado. 
En general, creemos que somos mejores o más correctos que los demás. Pensamos que estamos por encima de la media en lo que respecta a las cualidades positivas que más valoramos. Por ejemplo, si tenemos en gran estima la sinceridad o la justicia, creeremos que somos más sinceros y justos que la mayoría de las personas.

De esta manera nos convencemos de nuestra rectitud moral y de la veracidad de nuestras ideas, creyendo que nuestras experiencias y circunstancias de vida “únicas” nos han brindado una perspectiva más amplia, rica y sabia que la que han desarrollado las personas con quienes nos relacionamos a diario o vemos en la televisión.

La ciencia ha comprobado la existencia del prejuicio de punto ciego. Un estudio realizado en la Universidad de Stanford reveló que la mayoría de las personas (exactamente un 87%) consideran que son mejores que la media. El 63% piensan que el autorretrato que tienen de sí mismos es objetivo y fiable, por lo que no reconocen la existencia de sesgos, y un 13% incluso afirma ser muy modestos al describirse. 
Estos psicólogos descubrieron que solo el 24% de las personas, cuando se les señala la existencia del prejuicio de punto ciego, son capaces de reconocer que quizá su autoconcepto podría estar mediatizado por algún sesgo cognitivo.  
¿Por qué creemos que somos más racionales y objetivos que los otros? 
La idea de que percibimos la realidad sin distorsiones surge, al menos en parte, del hecho de que no analizamos nuestros procesos cognitivos y motivacionales; es decir, no hacemos examen de conciencia. En cambio, para darnos cuenta de nuestros prejuicios y limitaciones necesitamos realizar un ejercicio de instrospección e inferir que, al igual que todos, no somos inmunes a los sesgos cognitivos. 
Sin embargo, apenas surge una discrepancia entre lo que otra persona piensa o percibe y lo que nosotros pensamos o percibimos, asumimos que tenemos la razón e inferimos que los demás son menos objetivos y racionales. Así también evitamos la aparición de una disonancia cognitiva, la cual nos obligaría a realizar un profundo trabajo interior para cambiar algunas de nuestras ideas, percepciones o creencias. 
De hecho, los psicólogos concluyen que “los factores cognitivos y motivacionales se refuerzan mutuamente para producir la ilusión de que uno es menos sesgado que los demás”. O sea, nos autoengañamos para pensar que somos más racionales y objetivos.

Ese autoengaño también nos permite evaluarnos bajo una luz más favorecedora que apuntala nuestra autoestima. En otras palabras, queremos pensar bien de nosotros mismos, para evitar el arduo trabajo que implica cambiar, de manera que nos engañamos pensando que son los demás quienes se engañan.
Un "yo" que fagocita lo diferente se condena al inmovilismo
El problema de no reconocer que somos víctimas del prejuicio de punto ciego es que terminaremos viviendo en un mundo cada vez más alejado de la realidad. Alimentar nuestra visión del mundo únicamente con nuestras creencias y a través de nuestras percepciones, excluye todo lo diferente porque pensamos que no tiene valor.
Así terminaremos creando una zona de confort cada vez más pequeña en la que solo permitimos el acceso a lo que nos resulta cómodo o lo que está en sintonía con nuestra manera de pensar. Ese mecanismo de exclusión nos impide crecer porque rompe cualquier puente con lo diferente, que es justo lo que necesitamos para ampliar nuestros horizontes.

"La expulsión de lo distinto y el infierno de lo igual ponen en marcha un proceso de autodestrucción [...] Nos enredan en un inacabable bucle del "yo" y, en última instancia, nos conducen a una autopropaganda que nos adoctrina con nuestras propias nociones", advirtió el filsofo Byung-Chul Han.
¿Cómo escapar, o al menos reconocer, el prejuicio de punto ciego? 
Los sesgos cognitivos y motivacionales son un producto inevitable de la forma en que vemos y entendemos el mundo que nos rodea. Acusar de imparcialidad a los demás, negando a la vez nuestra propia imparcialidad, conduce a malentendidos, genera desconfianza y causa una escalada en el conflicto, de manera que es imposible encontrar un punto común para llegar a un acuerdo. 
Debemos partir de la idea de que no vemos las cosas como son sino como somos. Eso significa que, como personas, somos tan sesgados como los demás porque no podemos deshacernos de nuestro “yo” al relacionarnos con el mundo. Tenemos que asumir que muchas veces nuestra visión de los hechos es tan parcial como la de los sabios ciegos de la historia.

Asumir nuestra parcialidad es difícil en un mundo que aboga por la imparcialidad y la objetividad, sin darse cuenta de que ambos conceptos son una ilusión producto del racionalismo. Somos seres subjetivos, y no hay nada de malo en ello, siempre que tengamos la suficiente flexibilidad cognitiva para enriquecer nuestro mundo con la subjetividad de los demás. El encuentro de dos o más subjetividades es lo que nos acerca a la objetividad.
Para lograrlo, una dosis de humildad intelectual no nos vendría mal para darnos cuenta de que nadie es mejor ni peor, tan solo somos sesgados en diferentes aspectos de la vida. Adoptar esta actitud nos permitirá crecer como personas, ser más tolerantes y, con un poco de suerte, hacer del mundo un lugar mejor o, al menos, un mundo donde las diferencias tengan cabida como expresión de autenticidad y singularidad.
Fuentes:
Room, C. (2016) Everyone Thinks They’re More Moral Than Everyone Else. En:
The Cut.
Scopelliti, I. et. Al. (2015) Bias blind spot: Structure, measurement, and consequences. Management Science; 61(10): 2468-2486. 

lunes, 14 de enero de 2019

PENSAMIENTOS NEGATIVOS QUE ALIMENTAS SIN DARTE CUENTA

PENSAMIENTOS NEGATIVOS QUE ALIMENTAS SIN DARTE CUENTA
Existen muchos tipos de pensamientos negativos que pueden hacerte daño. Generalmente se trata de ideas automáticas, algunas de las cuales no son más que creencias introyectadas; es decir, creencias que te transmitieron tus padres u otros adultos significativos durante tus primeros años de vida y que sigues arrastrando contigo. Otros pensamientos negativos son el fruto de una visión distorsionada de los acontecimientos o simplemente de expectativas incumplidas. 
lbert Ellis, creador de la terapia racional emotiva conductual, estaba firmemente convencido de que lo que nos afecta no son las cosas que nos suceden, sino la interpretación que les damos. Esas interpretaciones adoptan la forma de pensamientos negativos que nos generan malestar y, lo que es aún peor, nos impiden encontrar una solución satisfactoria para nuestros problemas ya que a menudo solo sirven para alimentar un círculo vicioso de negatividad. El primer paso para salir de ese bucle es conocer todos los tipos de pensamientos negativos que pueden rondar tu mente.
¿Eres víctima de estos tipos de pensamientos negativos? 
Existen tantos tipos de pensamientos negativos como personas, pero se pueden resumir en 8 grandes categorías, fáciles de detectar por las actitudes que generan.
1. Estado de emergencia permanente
Cada vez que ocurre algo, lo asumes como una emergencia total. Esa reacción se debe a que tu amígdala se activa y solo puedes ver la señal de alarma. En tu cerebro se produce un secuestro emocional en toda regla, desatando una reacción de pánico. Al asumir la realidad como si fuera una crisis, reaccionas de manera desproporcionada. Este tipo de pensamiento catastrófico te lleva a exagerar los peligros y desestimar tus recursos para hacerle frente a los problemas, una actitud que puede llegar a ser muy peligrosa ya que desencadena un estado de indefensión aprendida. 
2. El autosaboteador
Ante la más mínima dificultad, te saboteas automáticamente. Te tomas todo lo que ocurre como algo personal y te culpas por cosas sobre las cuales no tienes ningún control. Tus pensamientos negativos te impiden pensar con lógica, de manera que te castigas y criticas incesantemente. Como resultado, cada vez que se presenta un problema, pierdes autoestima y autoconfianza. Este tipo de pensamiento hace que te conviertas en tu peor enemigo ya que te pondrás la zancadilla constantemente.
3. El extremista 
uando ocurre algo, solo puedes ver los extremos. Este tipo de pensamiento negativo, también llamado dicotómico, te hace ver el mundo en blanco y negro, todo o nada, sin términos medios. Al olvidarte de la gama de grises y colores intermedios, te resultará difícil encontrar una buena solución y sentirás mucha ansiedad ya que asumes que cualquier decisión es un camino sin retorno. 
. El etiquetador 
Cualquier cosa que ocurra, la etiquetas en términos negativos porque solo puedes ver las consecuencias dramáticas de la situación. El problema es que al colocar esas etiquetas, no logras ver las posibilidades que puede encerrar una situación, de manera que cierras caminos hacia su solución. Además, este tipo de pensamiento negativo puede hacer que te autoetiquetes y termines desarrollando una imagen muy limitada de ti y de tus potencialidades.
5. Visión de túnel 
Cuando tienes un problema, tu visión inmediatamente se reduce, como cuando entras en un túnel. Solo logras ver las cosas negativas, los problemas, errores y carencias. No logras apreciar ningún detalle positivo, posibilidad o fortaleza, de forma que caes en una espiral descendente de negatividad. Este tipo de pensamiento negativo tiene su base en el fenómeno que se conoce como atención selectiva. En práctica, es como si te pusieras unas anteojeras y unas gafas de sol, de manera que solo ves una parte muy limitada de la realidad, perdiéndote precisamente la parte más importante para hallar una solución. 
6. El generalizador 
Cuando tienes un problema, tu mente divaga y comienza a establecer conexiones sueltas entre el presente y los sucesos del pasado. Esas conexiones te llevan a realizar generalizaciones erróneas y negativas, generalmente reconocibles porque aparecen palabras como “nunca”, “siempre” o “todos”. Este tipo de generalización a menudo conduce a lo que se conoce como “error del adivino”, que consiste en sacar conclusiones apresuradas sobre algo que aún no ha pasado, pensando que los resultados o consecuencias serán desastrosos. Obviamente, con cada afirmación de ese tipo pierdes un poco de autoestima y fuerza, condenándote a un ciclo de negatividad. 
7. El impostor 
Debido a que tienes una tendencia a compararte, constantemente magnificas los aspectos positivos que notas en todos los demás, pero minimizas tus propias fortalezas y talentos. Este tipo de pensamiento negativo te hace sentir como si fueras un impostor y no merecieras lo que tienes. Tienes miedo a que los demás descubran que no eres tan listo, capaz, amable o brillante, cuando en realidad lo que sucede es que tienes un problema de autoestima. De hecho, es probable que a menudo seas víctima de lo que se conoce como “lectura de la mente”, un fenómeno según el cual presupones lo que están pensando los demás. 
8. El superhéroe 
Tu capa siempre está extendida, te esfuerzas para no defraudar a nadie. Te enorgulleces de hacer todo, cueste lo que cueste. Tu vida se rige por el “debo” y “debería” hasta el punto de que te olvidas por completo de lo que tú quieres realmente. El problema es que cada vez que te das cuenta de que no puedes salvar el mundo, tu autoestima cae en picado y experimentas una desilusión extrema. De hecho, se trata de uno de los tipos de pensamientos negativos más dañinos porque piensas en términos de “deberes” y “obligaciones”, permitiendo que tu vida, decisiones y estado de ánimo dependan por completo de los demás.

sábado, 12 de enero de 2019

HUMILDAD INTELECTUAL: LA CLAVE PARA DESARROLLAR UNA MENTALIDAD ABIERTA


psicología /desarrollo personal                                                                               
HUMILDAD INTELECTUAL: LA CLAVE PARA DESARROLLAR UNA MENTALIDAD ABIERTA
Benjamin Franklin sabía que era inteligente, más inteligente que la mayoría de las personas que lo rodeaban, pero también era lo suficientemente inteligente como para comprender que no podía estar en lo cierto en todo. Por eso, se cuenta que cuando estaba a punto de empezar una discusión, decía: “Quizá me equivoque, pero…”. 
Esta simple frase tranquilizaba a las personas y las predisponía positivamente a escuchar su mensaje y mostrarse más abiertas a los desacuerdos, tomándoselos como algo menos personal. No obstante, la frase tenía un doble impacto porque también ayudaba a Benjamin Franklin a prepararse psicológicamente para escuchar nuevas ideas, a veces completamente diferentes a la suya.

Esa forma de humildad intelectual y apertura mental, tan poco común en nuestros días, no solo es esencial para mantener relaciones sociales más asertivas y constructivas, sino que también nos permite crecer como personas.
¿Por qué necesitamos desarrollar una mentalidad abierta? 
Los hombres que se han deshumanizado convirtiéndose en ciegos adoradores de una idea o un ideal son fanáticos cuya devoción por las abstracciones los convierte en enemigos de la vida”, escribió Alan Watts para alertarnos del peligro que representa creer que tenemos la verdad absoluta e intentar defender de forma ciega un ideal. 

Al contrario, en la vida necesitamos una buena dosis de humildad intelectual. La mentalidad abierta es lo que nos salva de la barbarie a nivel social y lo que nos permite progresar a nivel personal. Una mente abierta se encuentra en continuo cambio y transformación, como un río que corre incesantemente. Una mente cerrada se ha atascado y, por tanto, es lo contrario al incesante fluir de la vida.
Al igual que Benjamin Franklin, debemos ser capaces de defender nuestras ideas cuando estamos seguros de ellas, pero también debemos ser lo suficientemente inteligentes como para admitir que nos equivocamos, escuchar ideas diferentes y, en última instancia, comprender y aceptar otras maneras de ver el mundo.
Solo cuando nos abrimos a nuevas ideas podemos aprender. Si creemos que tenemos la verdad en la mano, solo podemos estar seguros de que no nos moveremos de nuestra postura. Creer que somos dueños de la verdad implica condenarnos al anquilosamiento. Después de todo, se aprende más escuchando que hablando.
Por desgracia, en muchas ocasiones nos convertimos en nuestro mayor obstáculo para desarrollar una mentalidad abierta. Somos víctimas de nuestros patrones de pensamiento y nuestro sistema de valores, los cuales nos impiden concebir otra verdad o realidad más allá de la nuestra. Por simple pereza selectiva, somos más analíticos con las ideas ajenas que con las nuestras. De hecho, un experimento realizado en la Lund University demostró que somos capaces de rechazar nuestros propios argumentos el 60% de las veces si los presenta otra persona.
Además, debido a que también odiamos la disonancia cognitiva, tenemos la tendencia a prestar más atención a aquellas ideas que refuerzan las nuestras mientras obviamos gustosamente aquellas contrarias que ponen en tela de juicio nuestra visión del mundo o de nosotros mismos y demandan un trabajo interior.
¿Qué es la humildad intelectual? 
Los psicólogos han dedicado años a intentar entender por qué algunas personas se aferran tercamente a sus creencias, incluso cuando les presentan evidencias irrefutables de que deberían abandonarlas, y por qué otras son capaces de adoptar rápidamente nuevas creencias. Intentando encontrar el secreto de la mentalidad abierta desarrollaron el concepto de humildad intelectual. 
La “humildad intelectual”, a diferencia de la humildad en sentido general que se define por características como la honestidad, la sinceridad y el altruismo, hace referencia a la voluntad de cambiar, unida a la sabiduría de saber cuándo debemos mantenernos fiel a nuestra postura. Es un estado de apertura a las ideas diferentes, mostrándonos receptivos a las nuevas evidencias.

La humildad intelectual es también un compromiso con la búsqueda de nuevas ideas, aunque estas contradigan las nuestras, es comprometerse a escuchar a los demás prefiriendo el descubrimiento al estatus social.

Psicólogos de la Universidad de Pepperdine indican que la humildad intelectual está compuesta por:
- Respeto hacia otros puntos de vista 
- No ser demasiado confiado intelectualmente 
- Separar el ego del intelecto 
- Predisposición a revisar los puntos de vista propios 
Psicólogos de la Universidad Loyola Marymount añaden otra característica: la curiosidad, que es precisamente el rasgo que nos permite mantenernos abiertos a experiencias y puntos de vista diferentes. La voluntad de probar cosas nuevas nos ayuda a abrirnos a otras perspectivas, a veces radicalmente diferentes a la nuestra, y aceptarlas como igualmente válidas.
¿Cómo desarrollar la humildad intelectual?
Ante todo, debemos estar dispuestos a abrazar el cambio, lo cual significa reconocer que las ideas que ayer dábamos por acertadas, hoy podrían ser erróneas o quizá insuficientes. Para ello, necesitamos dejar de identificarnos con nuestros pensamientos e ideas. De esta manera no asumiremos las ideas diferentes como un ataque a nuestro ego y podremos valorarlas de forma racional, sin adoptar una actitud defensiva que levante muros en vez de derribarlos.

Necesitamos aprender a discutir ideas, acallando nuestro ego. Para ello, deberíamos hacer nuestra la frase de Eleanor Roosevelt: "Las grandes mentes discuten ideas, las mentes mediocres discuten acontecimientos y las pequeñas mentes discuten a la gente".

Para alcanzar ese nivel de humildad intelectual necesitamos superar lo que los psicólogos denominan nuestro "prejuicio de punto ciego". Se trata de la tendencia a no darnos cuenta de nuestros propios sesgos cognitivos y pensar que tenemos menos prejuicios que los demás. Necesitamos admitir que nuestras opiniones y las ajenas son solo eso, opiniones que pueden variar según las circunstancias. Así escaparemos a la trampa del egocentrismo intelectual.
Por último, pero no menos importante, necesitamos desarrollar la actitud de un niño, lo cual significa alimentar ese deseo de conocer, de preguntar y no darnos por satisfechos con las respuestas que obtenemos. Desarrollar la curiosidad que nos permita ir más allá de lo que nos han enseñado o lo que nosotros mismos creemos. Solo así podremos desarrollar la humildad intelectual necesaria para reconocer nuestros errores y dar el mayor paso de todos: cambiar nuestras creencias por otras más inclusivas y desarrolladoras.
Fuentes: 
Snow, S. (2018) A New Way to Become More Open-Minded. En: Harvard Business Review.
Whitcomb, D. et. Al. (2017) Intellectual Humility: Owning Our Limitations. Philosophy and Phenomenological Research; 94(3): 509-539. 

martes, 3 de enero de 2012

huellas en la memoria

Poema: huellas en la memoria

Huellas
Huella Profunda
Recordada por la suave brisa del recuerdo
Recuerdo que Acude a mi lento Caminar
Lento Caminar, meditando la utopía de los pensamientos
Soñar
soñar cantando
entonando la alegría del recuerdo
Vivir
vivir soñando
esquivando la gota cristalina del olvido

Recuerdos
Profundos Recuerdos
arraigados firmemente a mi
Aquí, en mi memoria
Donde habitan mis recuerdos.

Los sentimientos afloran en mi piel
simplemente tocando el agua.

Me adentraré en el abismo de los recuerdos
paso a paso buscando mis sueños.
Sentiré el aliento de los aromas
lentamente volando hacia mí.

Esperaré nuevamente
nuevamente volveré
con la ilusión renovada
al lugar donde me fugué

Autor: Diego Torrente
~*Dts.*~ ©
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